Te vi ayer (¡Te vi ayer!), es fascinante como el tiempo que pasa en el reloj no coincide, en algunos casos, en absoluto con el tiempo que siente tu corazón. No voy a maximizar y decirte que me siento en el desierto. Pero si puedo decirte que te siento más lejos que nunca. En todo el tiempo que llevamos juntos, nunca estuvimos tan lejos el uno del otro. Pero voy a aprovechar esa distancia para destacar que los mil kilómetros que nos distancian se vuelven nada cuando te evoco, y comienzo a recordarte. Voy a aferrarme al simple recuerdo de un beso tuyo; el primero, el último o cualquiera. Sólo voy a pensar en lo que significa tus labios sobre los míos, nuestras lenguas jugando un juego único. O nuestras miradas de deseo. O tus palabras que acompañan mis pasos y tus risas y tus llantos.
Podría decir que no te siento, en mi mente, nada lejos. Puedo asegurar que siento tu presencia al lado mío cuando duermo. Que mi cama no es cama si no estás vos. Y que casi todos los días a la distancia tienen el mismo sabor que el del primer mate con azúcar. Dulce en un principio y terriblemente amargo al final.
Acá, para hacer más dramático todo, llueve. Y llueve un poquito en mi corazón porque se que faltan unos cuantos días para verte. pero empecemos los dos a bajar los dedos, porque hoy es casi un día manos que falta para verte. Y a la vuelta me vas a ver sonriente y con los brazos abiertos.
No te preocupes chochita. Yo acá no dejo un instante de pensar en vos.