martes, 29 de abril de 2014

Un poco más

Llega el frío, el nuevo frío. Me miro ahora y me veo hace un año. Con el mismo momento de frío, en la misma ciudad, pero en otro ámbito, en otra sintonía, en otro mundo que nada tiene que ver con el que hoy transito.
Estaba hasta físicamente distinto, y quizás mis metas eran más simples: trabajar, estudiar, salir con mis amigos, ir conociendo mujeres, o más exactamente, tratar de conocer a alguien en quien pudiera confiar. Y mientras el viento me azotaba, y aunque había gente a mi alrededor, yo estaba solo. Porque nadie podía entenderme, y en lugar de escucharme, era más fácil hacerme olvidar, de todo lo malo, de entregarme a la tontera sin sentido.
Tuvo que pasar todo una gran parte del invierno para que apareciera un poco de luz en mis días. Y llegó simple, con rulos, desde algún barriecito de la capital, bajándose de un colectivo. No me ofreció millones ni remedios instantáneos para el mal de amor. Me mostró que el mundo iba a seguir tal como era sin cambiar más que en pequeños detalles. Pero, me hizo entender que no iba a estar más solo. Que iba a tenerla a ella. Jazmín, su nombre, su color era cualquier color que brillara, y su música era mi música, su voz era mi voz, su alma era mi alma. Éramos el uno en el otro. Con la torpeza de un chico tonto en período de aprendizaje, un poco torpe y sumamente ciego, fui conociéndola, amándola, deseándola. Fui descubriendo que una gran parte del sentido de mi vida se encontraba en el sentido de la suya.
Fue mi espejo, y me devolvió la imagen de mi interior, fuerte y decidida en algunas partes, y blanda, herida e incierta en otras. Y de a poco, con la paciencia de una dulce enamorada, fui tapiando mis dolores pasados. Fui olvidándome antiguas penas y calmando mi viejo dolor. La primavera y el verano pasaron como una canción. No como cualquiera, sino como la canción más bella que alguna vez escuché en mi vida. La ciudad se convirtió en un mero concepto para mí, casi una cosa abstracta, y me di cuenta que mi lugar va a ser siempre dónde ella esté, donde esté mi corazón. De a poco fueron brotando las notas musicales de mi alma. Volví a tocar la guitarra, comencé a ver el mundo como nunca antes: más maduro, más adulto, a veces un poco amargado, pero sumamente más acertado. Sonaron mucho los Beatles, el Falquito, Charly, Fito, todo muy suave, muy cancionero. Ella me dio muchos regalos, pero uno que me sorprendió notablemente: Su voz de cantora. Y ahí, surgió un dúo, un dúo que refleja la pareja hermosa  que somos, los amigos que solemos ser, y los dos músicos unidos por el destino que también forman parte de nuestra identidad.
Descubrí el placer infinito, tuve el mejor sexo de mi vida, aprendí a desear algo con la mayor de las fuerzas. A soñar, a creer, a pensar en un amor eterno. Por primera vez, me sentí completo, protegido, amado, soñado. Mi pasión se volcó en algo totalmente bello: en amar. Me volví un poeta del amor, que no usa palabras sino actos para explicar lo que siente.
Encontré en el cuerpo de ella, Jazmín, mi flor más hermosa, el néctar más dulce de todo este mundo. Aprendí a besar con una intensidad nunca antes conocida. Amé la desnudez y la cotidianeidad. Me declaré fiel admirador de los fines de semana caseros, y de las tardes de cama y sexo y besos y abrazos.
Hoy soy un hombre nuevo, con nuevas metas, pero más que nada, con una nueva fe. Con una mujer que me hace sentir dueño, y a la vez poseído, una mujer que día a día me enamora. Quiero darle a ella mi corazón y mi tiempo para que nunca, pero nunca, se siena triste. Quiero vivir el resto de mi vida al lado suyo, y decirle todos los días, al despertar: “Buenos días, chochita, dormiste bien?”.
Que el tiempo no nos apure, somos vos y yo contra el mundo, y tenemos mucha ventaja.

8 meses

Hay pasiones y encuentros, hay llamas que se apagan con el pasar del tiempo, hay amores que mueren, pero en ese morir pueden renacer inmediatamente, y pueden florecer como nunca antes.
La paranoia de la soledad que ataca desde atrás a uno, el miedo a quedar desprotegido y sin amor en un mundo que puede destrozarte en cuestión de segundos. Las lágrimas que despiertan de mi ser y van hasta mis mejillas, se secan con el sol y con la luz de tu mirada, con tu beso, se secan con tu mano acariciándome.
Yo puedo vivir con un montón de cargas en mi conciencia y en mi cuerpo, puedo caminar con la vida a cuestas por el  resto de mis días. Pero no podría  soportar, ni por asomo, el hecho de lastimarte. Pensarlo me causa dolor. Herirte es como herirme a mí mismo y a su vez, herir a lo más bueno que me dio el destino. Herirte no es jugar con fuego: Es directamente ahogarme en las llamas. No puedo contra eso. Ni siquiera puedo soñar con lastimarte.
Tu presencia me es indispensable. No sé si muchas veces te lo he dicho pero no puedo vivir sin vos. Es irremediable, preferiría tu odio antes que tu indiferencia. No soy yo sin en el “en mí” no estás vos. No me concibo. Es como si a un día le faltara la noche.
Todo esto me deja en la evidencia de la dualidad; Vivir para encontrarte a vos (solo a vos, entre miles de millones), vivir para enamorarte, vivir para hacerte feliz, vivir para que vivas y en tu “vivir” vivamos los dos.
Porque sé que mi hogar no tiene exactamente un punto claro, ni un lugar físico. Mi hogar puede ser tanto en Malasia como en Argelia, siempre y cuando estés vos al lado mío.
No, no quiero que me abandones ni que llores ni que nadie te haga daño.
No, no quiero que ninguna música se detenga, no quiero destruir, sólo quiero crear, quiero tu boca y mi boca fundiéndose en un beso e inmediatamente mi cabeza llenándose de ideas. Mi cuerpo y mi alma funcionarían como una mísera cáscara si dejaras de estar conmigo.
Para nada, amor mío, no voy a mentirte jamás.
Y si, si querés, quedate conmigo por siempre, volemos juntos hacia donde quieras. Yo siempre te voy a esperar.
Ahora mismo te espero, acá sentado, tendría que trabajar, pero prefiero dejar todo para más adelante y decirte lo que siento.
Soy, en este momento un volcán de sentimientos en erupción.
Las palabras no las digo yo, Martín, el de todos los días, sino que salen desde un  lugar más profundo, desde mi parte oculta que cuando brota, sale gritando con ganas y con fuerzas. Hay miles de sentimientos en mí ahora mismo. Algunos son tristes, porque te extraño y extrañarte no me gusta para nada, porque duele, pero por otro lado no puedo dejar de hacerlo. Otros son hermosos, porque el solo hecho de pensarte me traslada a pensamientos más puros y profundos. Pensar el amor, es pensarte, es pensar tu sexo, tu beso, tu cuerpo, tu caricia, tu palabra. Lo dijo alguna vez Cortazar: Lo que me gusta de tu cuerpo es el sexo. Lo que me gusta de tu sexo es la boca. Lo que me gusta de tu boca es la lengua. Lo que me gusta de tu lengua es la palabra…Yo necesito tus palabras, no como una opinión más; sino como la más importante revelación que espero siempre por escuchar. Necesito tu voz, aunque sea para llamarme la atención en alguno de mis tantos errores, o simplemente para decir que me amas.
Creo que cuando decís “te amo”, capaz de manera inconsciente, me partís el mundo en dos, y más claramente que nunca veo el bien y el mal. Pero el bien sos solo vos, y sé a qué lanzarme. Lo sé. Lo tengo claro. Te elegiría mil veces más si tuviera que hacerlo.
Son ocho meses que llevamos. Ocho meses de recuerdos. Ocho meses de vos, y de mí atrás tuyo, a tus pies, enamorado como nunca antes…

Un amor que continúa....

Tanto tiempo que pasa sin sentido, las agujas del reloj que parecen haberse atascado. A mi no me salva ni el mejor libro, ni la mejor canción. Estoy en esos momentos embolantes. Y puede ser que las cosas para divertirme, o más bien entretenerme estén presentes y sean de fácil acceso. Pero hoy me falta el motor, el arranque.
Me falta mi otra mitad, esa voz que me dice cosas tan lindas, esa boca que me besa con pasión. Esos rulos que caen sobre mí, y me hacen sentir querido, necesitado. Si, faltás vos; y nada puede contra eso. Es permanente pensarte y extrañarte, necesitarte, y escucharte en cada sonido que perciban mis oídos, o sentirte en cada latir. Cuando tu mano toca la mía, todo parece detenerse y cambiar, todo se vuelve distinto, mejor, me siento fuerte y acompañado. Jamás daría un titubeo si vos me besaras, o si comenzaras a desnudarme. Es como un mecanismo que acciono para amarte en plenitud.
Si, te amo. Y ¡Cómo suspiro cuando me mirás! Te quiero para toda esta vida conmigo, y para las demás también.
Jazmín, flor perfumada, brillás bajo el Sol, y con tu brillo yo también emito algún destello. Gracias por darme tu tiempo y tu corazón.
Creo que en mis manos tengo el tesoro más preciado de la humanidad. Debo cuidarte, protegerte cual diamante frágil. Me inspirás una ternura y un amor que jamás había sentido. Y cuando me ofrecés tu cuerpo, vuelvo todo el tiempo a sentir ese placer infinito y fantástico. Aquel que nadie me hizo sentir.
¿Alcanzará todo mi amor que te ofrezco?
Recorrería el mundo entero para complacerte, a tus pies me encuentro, enamorado, perdidamente enamorado.
Soy quien ansía dormir al lado tuyo, tomando cada noche como una aventura nueva. También amo verte despertar, despeinada y todo me resultás hermosa. Paso prácticamente toda la semana como un ente esperando para esos momentos largos de abrazos y besos sin límite alguno.
¡Es precioso tu cantar! Tu dulce voz y mi guitarra parecerían ensamblados desde hace milenios. Somos el uno para el otro, cada día somos más unidos. Animémonos a seguir buscándonos, a través del tiempo, a pesar de todos.