sábado, 28 de diciembre de 2013

.......

Jazmín, mi chica ideal pintada de colores.
Ella es alegría en mi día en mi cielo.
Jazmín, no dudaría un instante en dar la vida por vos.
La indecisión hace tiempo que se fue, ya no me debato en incertidumbres aburridas.
Ahora sé quien soy, y porque estoy, y para quien existo.
Puedo decirte que a cada instante te necesito.
Jazmín, dame un beso y yo te daré mil.
Cántame una canción y yo lloraré de emoción.

Jazmín, me siento tan pequeño y tan protegido al lado tuyo.
Tu porte de mujer, tu perfume.
Tu mirada segura, tu pensamiento sabio.
Todo me da esa sensación de protección.
Soy tu más fiel seguidor, tu chico enamorado.
Todo el tiempo pienso cómo expresarte mi locura.

Sí, Jazmín, estoy perdidamente enamorado de vos.
Tu aliento es mi aire.
Rozan mis labios el cielo cuando te veo.
Y los planetas se chocan si me mirás apasionada.
¿Tendrá algún límite tu cuerpo?
¿Algún día llegaré a su final?

¡Oh! Nuestras almas encontradas, no se sueltan un instante.
Puro capricho anti-tiempo.
Respiran vida nuestras narices, cuando no estamos separados.
Yo crezco, y me vuelvo un hombre.
Sólo para adorarte, mujer de mis sueños.
Soy aquel que te mira todo el tiempo.
Que crea fantasías al mirarte.
Soy aquel que busca ponerte en peligro, para luego rescatarte.
Valiente hombre enamorado soy, desafío a los mil vientos para poder tocarte.
No hay nada que pueda impedirme esta felicidad.

Bésame Jazmín, Bésame y te daré mil flores.
Podrás hacer lo que quieras conmigo.
¿Vos pensás que busco algo más?

No te equivoques: Ya tengo todo lo que quiero. (Y más).

viernes, 27 de diciembre de 2013

Jazmín......

Jazmín, Es el nombre de mi sueño, Es el nombre de mi profundo deseo, Una canción, una palabra linda. Jazmín, Trazé un mapa por tu cuerpo, Y en tu boca me quedé, Un poco por perdido, y otro poco por enamorado. Jazmín, Hace largo tiempo que mi corazón es tuyo, Y mis silencios y mis gritos, Y mi tristeza y mi felicidad. Jazmín, Ya perdí la cuenta, de cuánto te busqué, Hasta dónde fui, y cuánto lloré, Y tampoco sé cuánto te extraño. Todo el tiempo estamos juntos, Y sin embargo te extraño, Ya ni el agua moja mis labios secos, Porque ellos esperan tu beso. Jazmín, ¿Cuánto te amo? Es lo que nunca sabré, El infinito es una incertidumbre, El paraíso también lo es. Hacés que este mundo, Que tan triste puede resultar, Que tanta oscuridad esconde, Sea para mi el cielo. Hace tiempo que mi búsqueda me lleva siempre a vos, Que todos los caminos me llevan a tu piel. Jazmín, Te necesito como necesito respirar, Si no estás yo pierdo la cabeza, pierdo el alma, Pierdo las ganas de existir. Jazmín, Tu voz es mi cable a tierra, Tu mano me sujeta, me mantiene firme, Nunca faltes ni un instante, ni un segundo. Te doy mis días y mis noches, Mis besos y mis abrazos, Mi cielo y mi infierno, Mis sueños y mis ideas. Sos tan hermosa, Que ni gritándolo a los cuatro vientos puedo describirte, Tan linda, tan linda, que ni siquiera sé por dónde camino, O si floto, o si bailo. Mi mente invadiste, y no dejaste lugar a nada, Y si, muchas cosas del futuro son inciertas, Pero sé muy bien que mañana, al levantarme, Lo primero que haré será pensar en vos.

martes, 24 de diciembre de 2013

Dolor de panza

Si a mi novia le duele la panza, yo no puedo ser completamente feliz. Porque sí, mi felicidad depende de ella. Porque yo puedo estar bien, pero ver a mi chochita tirada, medio arisca, un poco enojada y tristona, no me gusta para nada. Yo necesito verla contenta y sonriente, y de mi mano cantando algo del Flaco.
Yo ahora la veo ahí, acostadita, con esa sensación incómoda, doblada como un acordeón, con los 50 grados de calor que azotan a la ciudad, y la comprendo. Comprendo su irritación. Y entonces le escribo algo, para que ella sepa que tanto en esta situación, que si bien es fea también es leve a la vez, o en una situación tan jodida como que la persiguiera el ejército espartano completo, yo la ayudaría. Y me iría hasta otra provincia para encontrar un quiosco abierto y comprarle una buscapina.
Yo te prometo amor mío, que para ayudarte y hacerte sentir mejor, haría posible lo imposible. Como lo hiciste vos cuando llegaste a mi vida. Si alguien me hubiese preguntado medio año atrás si yo creía en encontrar al amor de mi vida, posiblemente en ese momento hubiese respondido tristemente que capaz sí, pero más no que sí. Vos apareciste y rompiste todas mis ideas sobre el amor, sobre el mundo, me hiciste creer mucho más.
Si vos lograste eso, yo puedo lograr que tu dolor sea un poco más llevable. Y si te siguiera doliendo, recorrería el universo para encontrar una cura a tu dolorcito.
Porque no puedo verte tiradita ahí, con un mal humor. Voy a darte mil besos y caricias. Y te voy a cocinar cositas sanas para que nada te caiga mal.
Amorcito, la panza puede dolerte, pero jamás el corazón, porque yo nunca voy a irme de tu lado

martes, 17 de diciembre de 2013

Positividad

Positividad

Para despertar de un día de mierda tenés dos opciones: Una es seguir con la amargura y desayunártela pensando en lo jodido que está este mundo, y lo mucho que odiás a tu vecino que  se levanta cantando canciones felices, y querer matar al de en frente porque ya anda con sus chistecitos matinales. Después salís a la calle a sentir toda la desgracia que te rodea y te la fumás en 7 atados de la marca más mortífera de cigarrillos, mientras maquinás odio y pensás cosas malas que puedan pasarle a la gente que te saluda. Y así trabajás, enfundado en el traje pelotudo que te ponés para laburar, mientras te pagan dos mangos y te tratan como a un zángano. Y justo ese día tenés que irte después a hacer un trámite al microcentro, al que vas y volvés en un colectivo lleno a más no poder. Y que llegue la noche y tu negatividad se haya cuadriplicado, y lo único que tengas para decir es: Que me joda mi destino!
La otra opción es levantarte, pensar con claridad, darte cuenta que es un nuevo día, que todo puede cambiar, y que uno mismo provoca ese cambio. Entonces desayunás pensando en cosas positivas, en lo bien que podés aprovechar todo ese cúmulo de horas que se llama día. Meditás, sentado en tu pequeña cama de plaza y media. No es necesario viajar al Taj Mahal y saludar al Ravi para sentir tu alma pura. Todo basta con aclarar las ideas, con encontrar los objetivos que te devuelvan a tu búsqueda. Sentir que la tristeza forma parte de la vida y entenderla, (no llores más, ya no tengas frío, no creas que ya no hay más tinieblas, tan sólo debes comprenderla, es como la luz de primavera). Pensar en el amor que te rodea. (Pienso en la mujer que amo y me elevo, le hablo, le digo lo mucho que la adoro y mi corazón vuelve a estar en pie, sin tambalear, deseoso de abrir su nueva cara). Mirar los árboles que hay en la calle, sentir su oxígeno, su pureza, pensar en tu Madre Tierra, amar la vida, amarla y sentirla tuya. Sonreír a cada persona que te saluda. Aceptar el trámite microcéntrico como una fatalidad burocrática y viajar cantando temas de los Beatles en el tren, molestando a los aburridos. Y llegar a tu casa, cansado, pero con ganas de escuchar un poco más de música, hacer arte, escribir, bailar, tocar, sentir la locura que es la felicidad. Y así, el día dará un giro inesperado y todo te parecerá mejor.

Así, la sonrisa va a volver. Ya te siento alegría, ya te siento dentro mío, y mi aura vuelve a ser enérgica, ahora siento la fuerza del amor en el alma. Todo está en desorden, y no sé ni a donde voy, pero no me importa, porque voy mirando hacia adelante y sin distracciones.

martes, 3 de diciembre de 2013

Música

Música, te llamaré,
Con perfume floral,
Música, de acordes perfectos,
Con instrumentos milenarios.

Música de amor,
Perfecta para que bailemos,
Sin ton ni son,
Vos y yo y nadie más en este mundo.

Yo quiero que cantes siempre a mi oído,
Tus canciones favoritas,
Que me producen esa sensación de flotar,
Sin buscar el suelo ni el cielo.

Meses, días, años,
Nos pasarán al lado nuestro,
Y vos y yo sonreiremos,
Sabiendo que lo que menos importa es el tiempo.

¡Hola!, (vuelvo a decírtelo),
Porque siempre te conozco un poco más,
A veces sos un nuevo personaje en mi novela,
Y siempre la actriz principal en el teatro de mi vida.

Música, vos sos música para mí,
Una canción se Serú, otra de Spinetta,
Las de baglietto y Fito Paez,
Una plaza a la noche de la que nos adueñamos furtivamente.

Nos tiramos a cantar en cualquier lado,
Nos reímos, desafino, le erro a las notas,
Nos despertamos y un disco nos ponemos a escuchar,
Mientras el show de besos comienza fulgurante.

Mi música preferida, la cantante más sexy,
La mejor novia del mundo, la mejor actriz,
La persona más increíble, el amor de mi vida,
Una genial escritora, (llegaré al infinito nombrando tus cualidades).

Yo no sería tan tonto, como para alejarme un segundo de vos,
Yo me quedo con tu música alegrando mis sentidos,
Escuchándote, sintiéndote, amándote,

Siempre, siempre, a tu lado, amor mío, de tu lado.

lunes, 2 de diciembre de 2013

A Jazmín (como siempre)

Hola, princesa mía. Princesa sin castillo, y príncipe tuyo soy aunque no vaya a heredar trono alguno. Porque nuestro reino es el del amor. Y lo único que tenemos que tener a mano son nuestras manos para acariciarnos, nuestras bocas para besarnos y decirnos tiernas y dulces palabras.
Y ante toda una multitud me declaro tuyo. Y aún más, me declaro “nuestro”. Formo parte de una pareja, de un par. Un par de almas que se encontraron pululando, y se hicieron canción, flores de jazmín, ciudad, guitarra, tardes de fin de semana, noches largas de abrazos. Hoy somos mucho. Somos una infinidad de poemas e historias, algunas ya escritas, otra por escribir. Somos música, colores. Somos uno dividido en dos. Vos con la hermosura de los universos, en cada uno de los milímetros de tu piel yo encuentro un susurro, que me revela un enigma, y lo resuelvo en un beso, y una gotita alegre de lluvia que nos moja la cara.
Y se chocan mis planetas por culpa de mi mirada embelesada, en alfa queda mi mente cuando me mirás y me sonreís. Y mi mundo deja de existir, o más bien, mi mundo pasa a ser vos. Quisiera, en esos momentos en los que tu belleza me atrapa por completa, encontrar aunque sea una sola palabra, nunca antes dicha para describir lo que me provocás.
Ahí es donde descubro que mi amor por vos es infinito. Ya ni sé hasta dónde habrá llegado, pero seguro correrá junto al tuyo con alguna estrella fugaz, entre galaxias y suspiros celestiales.
Y un poco torpe estoy, porque nunca me enamoré de esta manera, porque nunca estuve seguro de tantas cosas. Pero quiero entregarte lo poco que tengo, porque mi confianza en vos es inquebrantable, indestructible. Sé que cuidaremos nuestros corazones y llevaremos nuestra unión a lugares hasta ahora desconocidos.
Yo creo que lo que más caracteriza y diferencia a nuestro amor es que no tenemos miedo a la locura. Quizás otros están midiendo, o con miedo no entregan sus corazones. O se ocultan bajo frases amargadas para no darse de lleno al hermoso cantar del amor. Pero nosotros no: Sin miedo, nos entregamos por completo, y nos quedamos bailando por ahí, felices. No tengo duda alguna: Todos los días de mi vida voy a elegirte como mi amada. No pienses que alguna muchacha vaya a distraer este pensamiento. Este amor puede con todo. Ahí te quiero, en ese lugar que viniste a ocupar en mi vida, que hasta ahora estuvo vacío. Ahí te quiero para siempre.



Hola otra vez: Sólo te digo “hola” porque jamás voy a decirte adiós. 
Hoy, día de mucha intensidad, con el calor, con los colores flamantes de un verano por comenzar. Hoy, yo, un chico simple, a veces tonto, a veces celoso, a veces, a veces…que te extraña, aunque te acaba de ver todo un fin de semana. Hoy declaro que es nuestro día, con la particularidad de que nuestro día comenzó hace cuatro meses y un poquito más. Porque en verdad todo empezó cuando vi tus ojos, y tus ojos me vieron, y luego mi corazón y el tuyo, y cada parte de nuestros cuerpos se conocieron y amaron. Primero entre palabras y besos tímido; y ahora que ya trazamos en nuestras pieles el mapa de nuestros lugares preferidos. Y puedo considerarme un experto en conocerte diciendo que te conozco casi tanto como me conozco a mí.
No soy un tipo de pocas palabras y jamás pienso quedarme corto, no voy a escatimarte un piropo. Te voy a dar siempre uno más, por si las moscas.
Hace cuatro meses que es hoy: que es de día en mi vida, y la Luna me visita como una amiga y nos sirve de refugio, para escondernos tras las sábanas en besos apasionados. Más que nunca siento el actuar de la naturaleza y todo está a mi favor. Gracias, podré decírtelo mil veces, pero siempre me faltará agradecerte un poco más.
Y ¿Cómo decirte que ni por un segundo dejás de estar presente en mi mente? Aunque tenga que hacer mil cosas, siempre hay un lugarcito que me grita tu nombre, como para que no me olvide.
Primero conocí al amor, que me hirió, me engañó, y como todo tropezón no es caída, seguí adelante, con la mente más clara sobre lo que buscaba. Y después todo fue más simple (para la suerte mía): Te encontré. Y nos encontramos.
Y ahora sé más que nunca que sos el amor de mi vida. Y te escribo y me faltan palabras, porque te extraño muchísimo. Y me encantaría que estés al lado mío, y que salgamos a pasear por el mundo, que tiene las puertas abiertas para nosotros.

Jazmín, mi flor perfumada, te amo. Gracias por hacer tan eterno mi día, mi día del amor. Vamos fortalecerlo a través de los tiempos. Esquivemos las malas miradas de reproche de los aburridos y vayámonos, a donde sea que nos queramos ir. Prometo no mirar atrás. Ya estoy seguro de lo que quiero; y eso es quedarme con vos para siempre.

jueves, 7 de noviembre de 2013

Dejate de joder!

Barro, mucho barro,
Tierra, mucha, muy fértil,
Vuelvo a ser un niño, sucio,
Corro sin parar,
Vuelvo a Ciudadela, a mi terraza esquinera.

Vuelven los petardos, revolearnos nísperos,
Mi vieja plantó un árbol,
Y ese árbol soy yo, y también es un níspero,
Que sigue vivo.

Y suena James, con un poco de vino Michel,
Comer en el balcón, hablar de las estrellas,
Preguntarme sobre la muerte,
Cuando mi vida llevaba unos pocos años.

Entender por qué existo, porqué lloro,
Porqué llueve, y Jules Verne,
Y marzo y comenzar las clases,
Romperte algún diente corriendo.

Empezar a romper reglas, callejear,
Ser libre, un poco ingenuo,
Jugar al quemado, esquivar pelotazos,
Empezar a dejar de llorar por todo.

Natación, la pileta, el olor a cloro,
Las primeras chicas, los primeros besos que di,
Mucho básquet, y enemigos a muerte,
Que después fueron amigos.

Los pibes desaparecieron, fuimos cada uno por su lado,
Algunos siguen siendo amigos, los muy pocos,
Cuando sos niño llegás al millón de amigos,
En cada rincón del planeta,
En un arenero, en algún laberinto,
Cualquier niño puede ser amigo tuyo un rato…

Si te portás mal, te vas a la puerta de la dirección,
La maestra te pone una mala nota,
Y esperás el derechazo de tu mamá cuando la firma,
Pero no te importa, te divertiste.

Y las zapatillas que rompés,
Y los dolores de cabeza que causás,
Y ves a los adultos hablar,
Y querés hablar como ellos.

Pero todavía no entendés lo que es el fin de mes,
O que tu jefe pelotudo no te dé el aguinaldo,
Vos ves la Navidad como algo mágico,
¡Llega Papá Noel! Y tu vieja se quiere matar,
Porque tiene que gastar guita que en verdad no tiene,
Pero no puede cortarte la ilusión.

Y vos comés Mantecol a rolete,
Y ves los fuegos artificiales,
Y te sentís completo….

Y con tiza, escribís los días en clase de francés:
Aujourd hui, c’est mercredi, 21 mars,
Oui, je m’apelle Martin,
J’ai huit ans, j’habite en Ciudadela,
Et je vais a l’ecole pour le matin.
Dix, onze, douze, elle ce sont tous rouges…

Y escuchás : Vien sur le trampoline !
Pour sauter ! S’amuser ! Est envolée !
Y querés que llegue educación física,
Porque querés correr libre,
Y no fumarte clases embolantes.
Sos un niño, ¿Acaso nadie lo entiende?

Y tenés que lidiar con los compañeros malos,
Que hacen todo mal y te tratan mal,
Y las profesoras amargadas,
Sos un niño, ¿Acaso nadie lo entiende?

Guardapolvo blanco, te sacan los piojos,
¡Y a comenzar las clases!
Esperando que suene el timbre,
Para tomar la leche en casa, y ver Cartoon Network.

Todo eso vuelvo a vivir,
Acá sentado, ya grande, peludo y boludo,
Pensando en la carrera,
En los problemas diarios.

Pero me siento contento,
Porque un niño fui, con ingenuidad,
Y ese niño vive en mi corazón,
Ahora ese niño se estiró,
Y ya un puede correr más porque lo muelen a golpes.

Más crecés, más te estructurás,
Más transás, más firmás el contratito,
Más te jode el mundo, o más te gusta el capitalismo,
Ahora tenés que ir bien vestido,
No podés mancharte con barro.

Pero vos, si (te hablo a vos, y en ese “vos” estamos todos)
Podés escaparte, lentamente, de toda esta gilada,
Hay un cable a tierra y no es un psicofármaco, ni siquiera es un porro,
Es tu cabeza, hermano/a,
Ahí está todo, lo que necesitás, volvé a ser ese niño,
Date cuenta que estás consumiendo mierda,
Apagá la televisión y salí a mirar a los pajaritos,
Que vuelan y cantan, mirá a los árboles, que tan frescos viven.

Podés/podemos ser felices todos, si nos dejamos de joder con la estructura,
Con la moral, si nos cagamos un poco más en las reglas,
Sí, todos manchados por el barro, nos abrazamos sin mirar de dónde venimos,

Y que la lluvia nos agarre bailando.

Un poco de mí.

Para hablar de mi pasado tengo que hablar de Ciudadela, de mi vieja, de James Taylor y de los Carpenters, otro poco de Rod Stewart  y de Steve Ray Vaughan. Otro tanto de Sabina y más adelante, Luis Miguel. Sí, señores, Luis Miguel está incluido.
Comencemos por mi vieja: nace en el ’67, bajo el nombre de Selva Griselda Fariseo en Ramos Mejía. Selva porque su viejo era fanático de la madre natura, y Griselda por el tango “Grisel”. Pertenece a le generación que pasó la infancia entre las cuatro horripilantes paredes de la dictadura. Pero la infancia era una coraza útil para no sentir tanto lo que pasaba alrededor, una manera de hacer más leve el ambiente terrible que sacudía al país.
Así y todo, mi vieja no tuvo un crecimiento muy lindo; su padre, Héctor, un poeta y un increíble dibujante, tenía problemas con el alcohol, y su falta de responsabilidad lo volvía un padre ausente. Y la madre, Marta, era una mujer con muchísimas cargas, que debía soportar un infeliz matrimonio, y además trabajar y hacerse cargo de sus dos hijos. Por lo tanto, mi vieja vivía entre costantes peleas conyugales, por las cuales alguno de los dos adultos terminaba en un psiquiátrico, y mi vieja iba y venía de casa en casa de sus abuelas.
Su abuela paterna, Ermelinda Giustosi, y su abuelo Carlo Fariseo, eran dos inmigrantes italianos más que escapaban de la Segunda Guerra Mundial, y, llegando a este país muertos de hambre, fueron construyendo su casa con sus propias manos. Mi mamá siempre me cuenta que era una casa muy grande, con un fondo de altas dimensiones, donde convivían todo tipo de alimañas: Había un palomar, habían perros, hubieron monos. Yo creo que todo eso fue lo que provocó el fanatismo de mi vieja por las plantas.
Y por el otro lado, su abuela materna, Victoria Calvi, y su abuelo Luis Sanglar, eran provenientes del campo bonaerense, del pueblo de Bragado.
Hay que agregar el fantástico detalle de que la casa de mi mamá se ubicaba arriba de las casa de sus abuelos maternos, y la de los paternos se ubicaba en frente de estas otras dos. O sea, que , afortunadamente, toda la familia estaba cerca.
Por otro lado, dejando sus problemas, mi mamá tuvo una infancia bastante típica. Con los amigos del barrio, correteando por las calles, y haciendo travesuras.
Así llegan sus épocas de secundaria, donde conoce a Charly García, a la democracia, a las drogas, al patchouli y a la revolución sexual.
A los diecinueve años consigue su primer trabajo en un bar como camarera.
A los veintitantos abandona su casa de origen para mudarse con su abuela Victoria.
¿Cómo conoce a mi viejo? Se encuentran en un gimnasio, salen un tiempo, y cuando mi madre queda embarazada de mí, él decide desaparecer del mapa. Y lo hará hasta mis 18 años.
Justo en el período en el que yo comienzo a gestarme, su padre Héctor muere de hepatitis y su abuelo Luis muere también a los ochenta y tantos años. Tengo que destacar, que cuando estaba por morir Luis, mi vieja decidió contarle que estaba embarazada. Y el hombre, de tradición antigua, ni siquiera se molestó en preguntar ¿Quién era el padre? Sino que comenzó a llorar de emoción (Esta historia siempre me gusta mucho contarla).
Con la muerte de Héctor, mi vieja hereda una casa, la cual decide vender, y dividir la plata entre ella, su hermano y mi abuela Marta. Con esa plata que recibe, decide comprar la casa de Ciudadela: La casa donde crecí, la casa que significa todo para mí.
Vayamos hacía Ciudadela en el año 94’(el año de mi nacimiento): Un barrio muy tranquilo, sin absolutamente un atractivo turístico. Un lugar cerca de la Capital, pero alejado del ruido. Es hoy en día que recorro sus calles y las encuentro iguales, como siempre.  
La casa que compra mi mamá se ubica en Génova al 4008, casi en la esquina con San Martín; Era un departamento de dos ambientes. Recuerdo el piso de cerámica color verde, y la pared de extrañar forma circular que estaba en la pieza comedor de mi mamá. La puerta de entrada tenía un mural pintado, que mostraba un atardecer, y la pared circular tenía un mural en el que se veían muchas plantas. Departamento “D” de dedo, así siempre le decíamos a la gente. Vivíamos mamá y yo, más Loquilla, una gata gris y peluda de la que tengo pocos recuerdos.
Mi pieza tenía un piso de madera muy lindo, unos zócalos pintados de rojo. Tenía una cómoda muy linda y una tele y un ventilador marca White Whestinghouse. Es gracioso, porque hoy en día esa marca significa que algo es bueno para mí en temas de calidad tecnológica. De hecho, aún conservo ese ventilador.
Por esos años, mi abuela conoce a quien va a ser su segundo marido, Enrique, quien no es pariente mío de sangre, pero cómo demuestra la relación con mi padre, la sangre importa tres carajos; Él es mi abuelo, mi increíble y fantástico abuelo, a quien amo incondicionalmente, y valoro cada cosa que hizo por mí, y créanlo, fueron muchísimas.
Teníamos una mesa redonda, sobre la cual comíamos; disfrutábamos mucho del balcón, donde mi mamá me contaba chistes, y me enseñaba a usar las malas palabras.
Mamá laburaba en una oficina de un contador como secretaria. Nunca fuimos ricos ni mucho menos, pero vivíamos dentro de todo bien. Para comer no nos faltaba, y yo tenía juguetes por todos lados. Siempre mamá me enseñó a no ser un niño tonto y caprichoso, a conformarme con lo que tenía, que era mucho, porque otros no tenían ni la mitad de lo que yo poseía. También me enseñó a no mentir, con el ejemplo más fuerte: Jamás me mintió. Cuando pregunté por mi padre, ella me dijo toda la verdad. Cómo se llamaba, donde vivía, y porqué no había querido ser mi padre. Él había optado por el camino más fácil, no hacerse cargo de mí y punto.
Y la música que sonaba era siempre genial. Mi vieja escuchaba a James Taylor, siempre me emociono al escuchar “You’ve got a friend” o “Mexico” o “Carolina in my mind”. O del gran Stevie Ray escuchábamos el disco “Family” o “Soul to soul” (“Look at litlle sister” continúa volándome la cabeza). También sonaban los Carpenters que me encantaban. Un poco de Carly Simon, otro tanto de Rod Stewart y “Da’ya think i’m sexy?” o “This old heart of mine”.O un poco de Phil Collins y "Easy Lover", Bum! ¡Cómo cantaba con Phil Bailey!
Con esa música crecí.
Por los 4 años aprendí a leer, y por ahí heredé una biblioteca, en la que fui poniendo los libros que me iba comprando. Siempre pienso en “El Corsario rojo” de James Fenimoore Cooper (sobre esta historia quise hacer mi primer película, ya la tenía toda pensada, hasta la música, a mis siete años), o “La cabaña del tío Tom” que me hacía llorar, O “el jinete sin cabeza” de Washington Irving (y la terrible broma que soporta Ichabold Crane” o “Kim de la India” Y la sabiduría de los viejos. Y un poco más adelante las historias de Julio Verne, que me impresionaban, mis primeros aprendizajes del francés. Corría 1998 y mi mamá había empezado la carrera de Técnica en Jardinería en la UBA. Empezaba a cumplir su sueño. Yo era muy feliz.
Cuando tenía siete años, llegó el 2001, con lo que todo eso significa para un argentino de clase media-baja. Yo veía a mi vieja preocupada y no entendía por qué. Veía a todo el mundo preocupado y aún menos entendía. Pero en las calles se sentía que todo estaba mal. Mamá estaba cada vez más preocupada por saber de qué manera íbamos a comer. No había un centavo; por suerte, ella pudo conservar su trabajo, lo cual fue un milagro ya que el 27% del país estaba sin poder laburar. Recuerdo ver las imágenes de una plaza prendida fuego, gente peleando por un litro de leche, la repugnante policía federal disparando a diestro y siniestro contra los que protestaban, dejando un brutal saldo de muertos. Y a uno de los bestias más hijo de puta que vi en mi vida: A Fernando de la Rúa escapando en un helicóptero. Yo no entendía mucho en ese momento, pero ya sabía que esos eran unos ladrones.
En esos tiempos, mi gata Loquilla murió. Mamá siempre se sintió culpable porque nunca pudo costear un buen tratamiento médico para ella. Terrible, pero cierto, habían otras prioridades.
Así y todo, mi madre jamás dio brazo a torcer, y continuó rompiéndose el alma para traer el plato de comida a casa. Siempre sacrificó darse un gusto por un litro de leche, que por esos años un día costaba un peso, y al otro día costaba veinte.
Así se desarrolló mi primaria: Entre la pobreza, entre pasarla muy mal, pero mejor que otros. Sentir la depresión de le gente en cada momento, ver a los negocios quebrando. Una sensación muy triste me viene cuando pienso en esto.
Se terminaron las vacaciones. Mi vieja tuvo que abandonar progresivamente la carrera, debido a los graves problemas económicos. Para ganar algo extra vendía dulces caseros.
Por esos años conoció a Horacio, quien convivió unos años con nosotros. De él mucho no recuerdo, pero eran épocas de mucho tren Sarmiento, y viajar a Paso del Rey o a Moreno. Y me llevaban a una plaza que yo llamaba “las montañas”, que eran para mí un perfecto paraíso, donde me tiraba en picada libre con mi bicicleta y me sentía un rayo veloz. Horacio como vino se fue. No voy a nombrarlo más. No merece atención alguna.
Como hijo único que siempre fui, recurrí a todo tipo de imaginación. Creo que eso me llevó a ser escritor. Es hoy en día que nunca dejo de imaginar historias.
Cuando tenía nueve, la tele se nos rompió. Como seguían los problemas económicos, nunca pudimos arreglarla. Ese fue un factor determinante en mi vida. Más que nunca, me uní a los libros. Ellos pasaron a ser mi vida; Nunca pasaba un día sin que estuviera leyendo, o jugando con las bolitas. Nunca tuve ni Playstation, ni computadora, ni esos grandes lujos de los niños potentados.
Es hoy en día que tengo televisión, y muy poco la uso. No me interesa ni mierda las idioteces que pasan por la caja boba. Puede caer una bomba nuclear sobre mi tele y me va a chupar un huevo. Dame un libro y soy feliz.
También por esa época, mamá volvió a escuchar boleros, reversionados  por Luis Miguel. Y yo la seguí , así que durante un tiempo escuché a este muchacho mejicano. Hoy en día, podés cantarme: "entrégate, aún no te siento, deja que tu cuerpo se acostumbre a mi calor" y yo voy a reír. Algunos pensarán que me río porque lo detesto, pero en cierto punto me trae geniales recuerdos.Además, de una manera inexplicable, el bolero me dio paso a escuchar rock nacional. Fue hermoso: ¿Qué puedo explicar? Charly García y "Raros peinados nuevos" o "No me dejan salir" o "Los Dinosaurios" o "inconsciente colectivo. Más el Flaco Spinetta, mucho Almendra y sus temas tan preciosos, y Fito. Todo eso me hizo descubrir un nuevo mundo. Y fueron los recitales, y cantar "Seminare" bajo la lluvia en el estadio de Ferro, con un Charly flaco y totalmente desquiciado
Cuando tenía once años, mi vieja se quedó sin laburo. Los problemas de plata crecieron, algunos ya estaban mejor, nosotros no. Período muy complicado fue. Mi mamá con secundaria y todo, laburando en laburos en los que, literalmente, le pagaban 10 pesos el día.
Fue así que a mis doce años decidí comenzar a trabajar. Por cinco pesos el días de trabajo. Con Charly, mi gran amigo, 30 y pico de años mayor que yo. El local, Emycar, está sobre la Avenida Diaz Velez, entre o’Higgins y 11 de Septiembre, del lado de La Matanza. Este negocio se dedica a la venta de alimento para perros. Fue ahí donde comenzó mi adolescencia prematura. Mi crecimiento acelerado. Creo que eso, y muchas cosas más me diferenciaron de los otros pibes.
Tuve que curtirme, a mi manera, aprender a vivir la vida.
Este podría ser el relato de mi infancia. Difícil. Pero hermosa. Una infancia de duendes y seres mágicos con un contexto que incluye una profunda crisis económica y una madre que transpiró por darme de comer.
Jamás van a alcanzarme las palabras de agradecimiento hacia toda mi familia por todo lo que hicieron por mí. Todos hicieron lo que estaba a su alcance para que yo fuera feliz. Y créanme, que lo soy. Soy una persona que la pasó mal, pero, gracias a ese ejemplo fantástico que me dieron, el de no rendirme ante ningún problema, sino intentar resolverlo con fuerza de espíritu, es que hoy yo soy quien soy. Con defectos y virtudes.
Mi vieja merece mucho más un monolito que cualquier prócer patrio. Para mí, es mi gran héroe, y es una de las personas que más admiro en este mundo.

Es muy fantástico, porque todo esto comencé a escribirlo luego de volver a escuchar esos discos que marcaron mi infancia. No puedo decir que no se me cayó lágrima alguna. Mi emoción es mucha al recordar todas las vivencias que tuve. Y, afortunadamente, ese pasado tan bello que tengo, marcan mi increíble presente, en el cual estoy totalmente enamorado del amor de mi vida (Jazmín, quien merece un libro aparte), y puedo hacer música, estudiar Letras, la pasión de toda mi vida.

Esta es una historia más de las Historias de Cuidad que tanto me gustan contar. Pero es a la vez una especia de autobiografía. No porque me considere importante tanto a mí, pero si considero importantísimas a las personas sobre las que escribo.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

El Baile de las máscaras

Entre el baile de máscaras,
Nadie se conoce, sólo vos y yo,
Entre la multitud enardecida,
Se siente el azufre en el aire,
Es oscuro el ambiente,
Y la música suena apagada, sin ánimo.

¿Por qué mejor no nos vamos?
Que afuera hay un cielo estrellado que,
Nos puede hacer de techo,
Y algunas hojas pueden taparnos por si hace frío.
Y los animales pueden contarnos sus historias milenarias,
Y podemos sentir al sol salir, asomando un rayito tímido…

Aunque sean miles las máscaras,
Puedo sentir tu olor,
Y tus ojos no son iguales a los otros,
Tus ojos tienen fuego, vida, color,
Parecen llamarme desesperados,
(Yo siento tu mirada buscarme).

Será cuestión de tiempo,
Atravesaremos el mar de gente,
Y nos reencontraremos
Vos tirarás tu copa y yo la mía,
Entre pitada y pitada las veremos hacerse añicos,
Entre beso y beso nos alejaremos de la muchedumbre,
Nos iremos por ahí….

Por fin podré abrazarte, besarte el cuello,
¡Qué lindo es sentir tu cuerpo pegado al mío!
Por capricho, diré que no te extrañé mucho,
Y nos quitaremos las máscaras,
Que ocultaron nuestro rostro, nuestro ser,
(No sé a dónde irán a parar, junto con nuestra ropa),
Podremos ser libres, tan libres y sinceros…

Y el baile quedará intacto,
La gente indiferente seguirá pululando en la tristeza,
Y aunque se choquen los planetas,
Y tiemble el universo entero,
Y los mares se muevan de lugar,

Todo seguirá igual para ellos, que no tienen amor…