Positividad
Para despertar de un día de mierda tenés
dos opciones: Una es seguir con la amargura y desayunártela pensando en lo
jodido que está este mundo, y lo mucho que odiás a tu vecino que se levanta cantando canciones felices, y
querer matar al de en frente porque ya anda con sus chistecitos matinales. Después
salís a la calle a sentir toda la desgracia que te rodea y te la fumás en 7 atados
de la marca más mortífera de cigarrillos, mientras maquinás odio y pensás cosas
malas que puedan pasarle a la gente que te saluda. Y así trabajás, enfundado en
el traje pelotudo que te ponés para laburar, mientras te pagan dos mangos y te
tratan como a un zángano. Y justo ese día tenés que irte después a hacer un
trámite al microcentro, al que vas y volvés en un colectivo lleno a más no
poder. Y que llegue la noche y tu negatividad se haya cuadriplicado, y lo único
que tengas para decir es: Que me joda mi destino!
La otra opción es levantarte, pensar con
claridad, darte cuenta que es un nuevo día, que todo puede cambiar, y que uno
mismo provoca ese cambio. Entonces desayunás pensando en cosas positivas, en lo
bien que podés aprovechar todo ese cúmulo de horas que se llama día. Meditás,
sentado en tu pequeña cama de plaza y media. No es necesario viajar al Taj
Mahal y saludar al Ravi para sentir tu alma pura. Todo basta con aclarar las
ideas, con encontrar los objetivos que te devuelvan a tu búsqueda. Sentir que
la tristeza forma parte de la vida y entenderla, (no llores más, ya no tengas frío, no creas que ya no hay más tinieblas,
tan sólo debes comprenderla, es como la luz de primavera). Pensar en el
amor que te rodea. (Pienso en la mujer que amo y me elevo, le hablo, le digo lo
mucho que la adoro y mi corazón vuelve a estar en pie, sin tambalear, deseoso
de abrir su nueva cara). Mirar los árboles que hay en la calle, sentir su
oxígeno, su pureza, pensar en tu Madre Tierra, amar la vida, amarla y sentirla
tuya. Sonreír a cada persona que te saluda. Aceptar el trámite microcéntrico
como una fatalidad burocrática y viajar cantando temas de los Beatles en el
tren, molestando a los aburridos. Y llegar a tu casa, cansado, pero con ganas
de escuchar un poco más de música, hacer arte, escribir, bailar, tocar, sentir la
locura que es la felicidad. Y así, el día dará un giro inesperado y todo te
parecerá mejor.
Así, la sonrisa va a volver. Ya te
siento alegría, ya te siento dentro mío, y mi aura vuelve a ser enérgica, ahora
siento la fuerza del amor en el alma. Todo está en desorden, y no sé ni a donde
voy, pero no me importa, porque voy mirando hacia adelante y sin distracciones.
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