martes, 24 de diciembre de 2013

Dolor de panza

Si a mi novia le duele la panza, yo no puedo ser completamente feliz. Porque sí, mi felicidad depende de ella. Porque yo puedo estar bien, pero ver a mi chochita tirada, medio arisca, un poco enojada y tristona, no me gusta para nada. Yo necesito verla contenta y sonriente, y de mi mano cantando algo del Flaco.
Yo ahora la veo ahí, acostadita, con esa sensación incómoda, doblada como un acordeón, con los 50 grados de calor que azotan a la ciudad, y la comprendo. Comprendo su irritación. Y entonces le escribo algo, para que ella sepa que tanto en esta situación, que si bien es fea también es leve a la vez, o en una situación tan jodida como que la persiguiera el ejército espartano completo, yo la ayudaría. Y me iría hasta otra provincia para encontrar un quiosco abierto y comprarle una buscapina.
Yo te prometo amor mío, que para ayudarte y hacerte sentir mejor, haría posible lo imposible. Como lo hiciste vos cuando llegaste a mi vida. Si alguien me hubiese preguntado medio año atrás si yo creía en encontrar al amor de mi vida, posiblemente en ese momento hubiese respondido tristemente que capaz sí, pero más no que sí. Vos apareciste y rompiste todas mis ideas sobre el amor, sobre el mundo, me hiciste creer mucho más.
Si vos lograste eso, yo puedo lograr que tu dolor sea un poco más llevable. Y si te siguiera doliendo, recorrería el universo para encontrar una cura a tu dolorcito.
Porque no puedo verte tiradita ahí, con un mal humor. Voy a darte mil besos y caricias. Y te voy a cocinar cositas sanas para que nada te caiga mal.
Amorcito, la panza puede dolerte, pero jamás el corazón, porque yo nunca voy a irme de tu lado

No hay comentarios:

Publicar un comentario