Si a mi
novia le duele la panza, yo no puedo ser completamente feliz. Porque sí, mi
felicidad depende de ella. Porque yo puedo estar bien, pero ver a mi chochita
tirada, medio arisca, un poco enojada y tristona, no me gusta para nada. Yo
necesito verla contenta y sonriente, y de mi mano cantando algo del Flaco.
Yo ahora
la veo ahí, acostadita, con esa sensación incómoda, doblada como un acordeón,
con los 50 grados de calor que azotan a la ciudad, y la comprendo. Comprendo su
irritación. Y entonces le escribo algo, para que ella sepa que tanto en esta
situación, que si bien es fea también es leve a la vez, o en una situación tan
jodida como que la persiguiera el ejército espartano completo, yo la ayudaría. Y
me iría hasta otra provincia para encontrar un quiosco abierto y comprarle una
buscapina.
Yo te
prometo amor mío, que para ayudarte y hacerte sentir mejor, haría posible lo
imposible. Como lo hiciste vos cuando llegaste a mi vida. Si alguien me hubiese
preguntado medio año atrás si yo creía en encontrar al amor de mi vida, posiblemente
en ese momento hubiese respondido tristemente que capaz sí, pero más no que sí.
Vos apareciste y rompiste todas mis ideas sobre el amor, sobre el mundo, me
hiciste creer mucho más.
Si vos
lograste eso, yo puedo lograr que tu dolor sea un poco más llevable. Y si te
siguiera doliendo, recorrería el universo para encontrar una cura a tu
dolorcito.
Porque no
puedo verte tiradita ahí, con un mal humor. Voy a darte mil besos y caricias. Y
te voy a cocinar cositas sanas para que nada te caiga mal.
Amorcito, la panza puede
dolerte, pero jamás el corazón, porque yo nunca voy a irme de tu lado
No hay comentarios:
Publicar un comentario