Hay pasiones y encuentros, hay llamas que se apagan con el pasar del tiempo, hay amores que mueren, pero en ese morir pueden renacer inmediatamente, y pueden florecer como nunca antes.
La paranoia de la soledad que ataca desde atrás a uno, el miedo a quedar desprotegido y sin amor en un mundo que puede destrozarte en cuestión de segundos. Las lágrimas que despiertan de mi ser y van hasta mis mejillas, se secan con el sol y con la luz de tu mirada, con tu beso, se secan con tu mano acariciándome.
Yo puedo vivir con un montón de cargas en mi conciencia y en mi cuerpo, puedo caminar con la vida a cuestas por el resto de mis días. Pero no podría soportar, ni por asomo, el hecho de lastimarte. Pensarlo me causa dolor. Herirte es como herirme a mí mismo y a su vez, herir a lo más bueno que me dio el destino. Herirte no es jugar con fuego: Es directamente ahogarme en las llamas. No puedo contra eso. Ni siquiera puedo soñar con lastimarte.
Tu presencia me es indispensable. No sé si muchas veces te lo he dicho pero no puedo vivir sin vos. Es irremediable, preferiría tu odio antes que tu indiferencia. No soy yo sin en el “en mí” no estás vos. No me concibo. Es como si a un día le faltara la noche.
Todo esto me deja en la evidencia de la dualidad; Vivir para encontrarte a vos (solo a vos, entre miles de millones), vivir para enamorarte, vivir para hacerte feliz, vivir para que vivas y en tu “vivir” vivamos los dos.
Porque sé que mi hogar no tiene exactamente un punto claro, ni un lugar físico. Mi hogar puede ser tanto en Malasia como en Argelia, siempre y cuando estés vos al lado mío.
No, no quiero que me abandones ni que llores ni que nadie te haga daño.
No, no quiero que ninguna música se detenga, no quiero destruir, sólo quiero crear, quiero tu boca y mi boca fundiéndose en un beso e inmediatamente mi cabeza llenándose de ideas. Mi cuerpo y mi alma funcionarían como una mísera cáscara si dejaras de estar conmigo.
Para nada, amor mío, no voy a mentirte jamás.
Y si, si querés, quedate conmigo por siempre, volemos juntos hacia donde quieras. Yo siempre te voy a esperar.
Ahora mismo te espero, acá sentado, tendría que trabajar, pero prefiero dejar todo para más adelante y decirte lo que siento.
Soy, en este momento un volcán de sentimientos en erupción.
Las palabras no las digo yo, Martín, el de todos los días, sino que salen desde un lugar más profundo, desde mi parte oculta que cuando brota, sale gritando con ganas y con fuerzas. Hay miles de sentimientos en mí ahora mismo. Algunos son tristes, porque te extraño y extrañarte no me gusta para nada, porque duele, pero por otro lado no puedo dejar de hacerlo. Otros son hermosos, porque el solo hecho de pensarte me traslada a pensamientos más puros y profundos. Pensar el amor, es pensarte, es pensar tu sexo, tu beso, tu cuerpo, tu caricia, tu palabra. Lo dijo alguna vez Cortazar: Lo que me gusta de tu cuerpo es el sexo. Lo que me gusta de tu sexo es la boca. Lo que me gusta de tu boca es la lengua. Lo que me gusta de tu lengua es la palabra…Yo necesito tus palabras, no como una opinión más; sino como la más importante revelación que espero siempre por escuchar. Necesito tu voz, aunque sea para llamarme la atención en alguno de mis tantos errores, o simplemente para decir que me amas.
Creo que cuando decís “te amo”, capaz de manera inconsciente, me partís el mundo en dos, y más claramente que nunca veo el bien y el mal. Pero el bien sos solo vos, y sé a qué lanzarme. Lo sé. Lo tengo claro. Te elegiría mil veces más si tuviera que hacerlo.
Son ocho meses que llevamos. Ocho meses de recuerdos. Ocho meses de vos, y de mí atrás tuyo, a tus pies, enamorado como nunca antes…
No hay comentarios:
Publicar un comentario